Hala, a hacer Flashback

🖊 Luis Cabo

A pesar de que, además de que somos pocos y nos conocemos mucho, la semana siguiente a que el Málaga nos metiese la del pulpo ya habíamos tenido una muestra de cómo iba a reaccionar la gente al siguiente tropiezo, tengo que reconocer que me ha sorprendido el nivel de desencanto después de la derrota contra el Tenerife.

Lo de “desencanto” lo digo por ponerlo finamente y sólo porque uno es muy educadín. Porque, más que simple frustración o desilusión, lo que exhibe el oviedismo en las redes esta semana parece un cabreo de proporciones bíblicas. Y en ese adjetivo sí que estoy siendo textual, porque el discurso ahora mismo anda entre el delApocalípsis de San Juan y las Lamentaciones de Jeremías; y la justa indignación a la altura de la de Moisés cuando bajó del monte y se encontró al electorado poniéndole cirios a los xatos: “Ahí van las tablas de la ley, el matu en llamas y el rosario de vuestra madre; y la temporada que viene ya podéis fichar al Charlton Heston pa la película, que yo no renuevo el abono” (Éxodo 32:19–28; con alguna licencia en la traducción).

Así que una vez instalados en el ya habitual llanto y rechinar de dientes, con semejante cabreo generalizado, Anquela ya depurado y Egea todavía ascendido a los altares, sólo queda la plantilla para desahogarse. Con lo que me temo que la petición de purgas, lapidaciones y autos de fe va a seguir hasta final de temporada (¡y más allá¡, como decía el majadero de Buzz Lightyear).

Que sólo viene a querer decir que han vuelto los éxitos del verano: “!Mercenarios¡” “!No quieren subir¡” “!Vagos¡” “¡Limpia!” etc., etc., etc. Tonadillas que en Oviedo son ya más tradicionales por estas fechas que los villancicos en Navidad. Al que teníamos que intentar fichar urgentemente es a Georgie Dann, para ver si por lo menos les podemos poner música.

Yo creo que al oviedismo nos hace falta pararnos a pensar y discutir con más calma muchas cosas. Empezando por si tienen sentido las expectativas que nos empeñamos en imponernos cada año, o lo que pasa es que tenemos mucha tontería encima. Como esos guajes que salen en Youtubedejándose los dientes o las joyas de la corona contra un pasamanos: “Que no, rapaz, que el problema no ye si manejas mejor o peor el monopatín, sino que a pié se cansará más y llevará más cachu, pero ye como se bajan les escaleres. No haciendo el pijo.”

Pero, tal y como está el percal esta semana, me parece que lo más útil ahora mismo es recordar cómo nos las apañamos en el pasado para superar situaciones parecidas. Porque los que tenemos un poco más de edad ya hemos vivido una etapa casi idéntica a la actual: retorno a 2ª desde 2ªB, seguido de muchos años de darnos bofetada tras bofetada a base de creer que teníamos que subir por el nombre y empeñarnos en la revolución permanente. Años en los que, como ahora, aquí no nos valía nadie y terminábamos todas las temporadas en les pates de atrás y pidiendo quemar el chiringuito.

Todo eso ocurrió en los años 80, y la temporada que creo que más tenemos que recordar ahora mismo es la 1986/87. Esto es, la anterior a la del último ascenso a 1ª.

Para empezar, fue más rara que un perro azul marino y más larga que un fin de semana sin partidos. Hoy nos quejamos de los experimentos de Tebas y La Liga, pero a los responsables de entonces deberían haberles hecho también controles anti-droga. Aquel año se sacaron de la manga una 2ª con 18 equipos y dos fases de competición.

Primero una liga normal, sólo que con cuatro equipos menos que ahora. Pero aquí viene el viaje lisérgico: basándose en la clasificación en esa primera fase y conservando los puntos para la siguiente, se crearon tres grupos de liguilla de seis equipos cada uno. Los 12 primeros clasificados divididos en dos grupos (uno con los equipos que terminaron en posiciones pares, y otro con los impares), para pelear por el ascenso. Y los seis últimos de la fase regular en una liguilla de descenso.

En la fase regular el Oviedo terminó quinto por la cola (14º), con lo que entramos en la fase de descenso. El entrenador a esas alturas de temporada era el mítico José Carrete, al que se había subido desde el Vetusta tras cesar a Antonio Ruiz al final de la primera vuelta. Carrete había mejorado ligeramente el rendimiento del equipo, básicamente a base de implantar un estilo muy físico (eso que antes se llamaba pundonor, ahora llaman actitud y mi güelu llamaba puñar como animalinos), pero no lo suficiente para salvarnos.

La fase de ascenso fue un auténtico desastre, acabando terceros por la cola, en descenso directo. Si no bajamos a 2ªB fue sólo porque, en su siguiente delirio creativo, la Federación decidió a última hora ampliar tanto 1ª como 2ª a 20 equipos; con lo que al final se cancelaron los descensos ese año. Vamos, que nos salvamos sólo en los despachos.

Pero por lo que me parece que merece la pena acordarse ahora de aquella temporada no es por su rareza, sino por lo que se hizo después. Si aplicásemos la lógica en la que parecemos instalados hoy en día, parece claro por dónde deberían haber ido los tiros: limpia, remodelación radical de la plantilla y nuevo entrenador mediático, resultón o experimental (vamos, lo que sea menos un entrenador trallado en segunda, porque semos el Oviedo).

En lo del entrenador no anduvo muy lejos la cosa: se fichó a Vicente Miera, que había entrenado al equipo en y tras el último ascenso a 1ª, y venía de ascender también al Sporting y de entrenar desde entonces en 1ª. En ese sentido, no se me ocurre ningún entrenador en la actualidad que sea asequible y tenga ni de cerca el historial de Miera o el respeto que le tenía entonces la afición del Oviedo. Si a algún lector sí se le ocurre alguno, se lo compro.

Pero lo que nos puede chirriar de verdad hoy en día es lo que se hizo con esa plantilla que venía de descender virtualmente al equipo: ni limpias, ni remodelación, ni la burra al trigo. La temporada siguiente se mantuvo a casi toda la plantilla.

Una plantilla que había empezado a formar José Luis Romero cuatro años antes. Poco a poco, con paciencia, haciendo pocos fichajes pero con cabeza, las apuestas y experimentos con la gente del Vetusta y sin intentar arreblagar o asaltar bastillas.

De hecho, para la temporada 1987/88 sólo se ficharon cuatro jugadores: el Tuto Sañudo, Carlos Muñoz, “Chapacú” Hicks y Edorta Murúa (si no me equivoco fueron esos cuatro, porque escribo de memoria y la vieyerano perdona). Y con sólo cuatro nuevos jugadores y esa base de plantilla que casi baja y hoy habríamos sin duda defenestrado no sólo se consiguió el ascenso, sino también la permanencia en 1ª al año siguiente. Además, muchos de aquellos jugadores siguieron contribuyendo al equipo bastantes años más. Incluyendo más de uno al que en 2ª se había tildado de limitado y por los que pocos aficionados habrían apostado para 1ª. Sobre gente como Gorriarán, Elcacho, Juliá, Viti, Vili, Hevia, Paco o incluso Tomás, cuando estaban en 2ª, se decían cosas muy parecidas a las que se escuchan hoy en día sobre Diegui, Christian, Folch, Carlos Hernández y compañía. Aquello de “muy limitado,” “le falta técnica” o directamente “no vale para 1ª.”

Y lo más importante: las cosas entonces no se hicieron así por casualidad, sino porque a esas alturas ya habíamos comprobado que la otra forma de hacerlas, la de las prisas, cabreos, limpias y revoluciones constantes sólo conducía al desastre. Pero ésa es otra historia.

En resumen, que yo creo que, si tenemos que hacer flasback, mejor que sea a las temporadas que terminaron devolviéndonos a 1ª, en vez de a las de hace dos y tres años. Más que nada porque ya vimos cómo acabaron unas y otras.

Y vais matame por decirlo pero, ya en frío y pasado el disgusto del Domingo, a mí me parece que hemos hecho muy buena temporada y, si no nos empeñamos en tirar ahora a la basura lo que se ha hecho estos dos últimos años, me ilusiona mucho lo que podemos hacer el año que viene con esta base y sólo un pelín de suerte con un par de retoques a esta plantilla. Ya sé que es que soy muy raru…

https://www.youtube.com/watch?v=0mP9PST8wR8

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